24 abr. 2017

Alejandra Pizarnik - El espejo de la melancolía




«¡Todo es espejo!»
Octavio Paz


Vivía delante de su gran espejo sombrío, el famoso espejo cuyo modelo había diseñado ella misma… Tan confortable era que presentaba unos salientes en donde apoyar los brazos de manera de permanecer muchas horas frente a él sin fatigarse. Podemos conjeturar que habiendo creído diseñar un espejo, Erzébet trazó los planos de su morada. Y ahora comprendemos por qué sólo la música más arrebatadoramente triste de su orquesta de gitanos o las riesgosas partidas de caza o el violento perfume de las hierbas mágicas en la cabaña de la hechicera o —sobre todo— los subsuelos anegados de sangre humana, pudieron alumbrar en los ojos de su perfecta cara algo a modo de mirada viviente. Porque nadie tiene más sed de tierra, de sangre y de sexualidad feroz que estas criaturas que habitan los fríos espejos. Y a propósito de espejos: nunca pudieron aclararse los rumores acerca de la homosexualidad de la condesa, ignorándose si se trataba de una tendencia inconsciente o si, por lo contrario, la aceptó con naturalidad, como un derecho más que le correspondía. En lo esencial, vivió sumida en su ámbito exclusivamente femenino. No hubo sino mujeres en sus noches de crímenes. Luego, algunos detalles, son obviamente reveladores: por ejemplo, en la sala de torturas, en los momentos de máxima tensión, solía introducir ella misma un cirio ardiente en el sexo de la víctima.

  También hay testimonios que dicen de una lujuria menos solitaria. Una sirvienta aseguró en el proceso que una aristocrática y misteriosa dama vestida de mancebo visitaba a la condesa. En una ocasión las descubrió juntas, torturando a una muchacha. Pero se ignora si compartían otros placeres que los sádicos.

Continúo con el tema del espejo. Si bien no se trata de explicar a esta siniestra figura, es preciso detenerse en el hecho de que padecía el mal del siglo XVI: la melancolía.

  Un color invariable rige al melancólico: su interior es un espacio de color de luto; nada pasa allí, nadie pasa. Es una escena sin decorados donde el yo inerte es asistido por el yo que sufre por esa inercia. Éste quisiera liberar al prisionero, pero cualquier tentativa fracasa como hubiera fracasado Teseo si, además de ser él mismo, hubiese sido, también, el Minotauro; matarlo, entonces, habría exigido matarse. Pero hay remedios fugitivos: los placeres sexuales, por ejemplo, por un breve tiempo pueden borrar la silenciosa galería de ecos y de espejos que es el alma melancólica. Y más aún: hasta pueden iluminar ese recinto enlutado y transformarlo en una suerte de cajita de música con figuras de vivos y alegres colores que danzan y cantan deliciosamente. Luego, cuando se acabe la cuerda, habrá que retornar a la inmovilidad y al silencio. La cajita de música no es un medio de comparación gratuito. Creo que la melancolía es, en suma, un problema musical: una disonancia, un ritmo trastornado. Mientras afuera todo sucede con un ritmo vertiginoso de cascada, adentro hay una lentitud exhausta de gota de agua cayendo de tanto en tanto. De allí que ese afuera contemplado desde el adentro melancólico resulte absurdo e irreal y constituya «la farsa que todos tenemos que representar».

Pero por un instante —sea por una música salvaje, o alguna droga, o el acto sexual en su máxima violencia—, el ritmo lentísimo del melancólico no sólo llega a acordarse con el del mundo externo, sino que lo sobrepasa con una desmesura indeciblemente dichosa; y el yo vibra animado por energías delirantes.

  Al melancólico el tiempo se le manifiesta como suspensión del transcurrir —en verdad, hay un transcurrir, pero su lentitud evoca el crecimiento de las uñas de los muertos— que precede y continúa a la violencia fatalmente efímera. Entre dos silencios o dos muertes, la prodigiosa y fugaz velocidad, revestida de variadas formas que van de la inocente ebriedad a las perversiones sexuales y aun al crimen. Y pienso en Erzébet Báthory y en sus noches cuyo ritmo medían los gritos de las adolescentes. El libro que comento en estas notas lleva un retrato de la condesa: la sombría y hermosa dama se parece a la alegoría de la melancolía que muestran los viejos grabados. Quiero recordar, además, que en su época una melancólica significaba una poseída por el demonio.


En La condesa sangrienta

Arthur Schopenhauer - Metafísica del amor / Metafísica de la muerte



Toda individualidad es para Schopenhauer un error especial, una equivocación y el verdadero objetivo de la vida es librarnos de él. Esta es la Metafísica del amor y la metafísica de la muerte, los dos grandes medios de trascender la individualidad. El amor y la muerte, eros y thanatos, constituyen para nuestro autor dos aspectos de la Voluntad, principio metafísico situado más allá de lo observable y de lo pensable. Ambos son manifestaciones primeras e iniciales de lo que define como voluntad de vivir. Todo enamoramiento, por etéreo que afecte ser, sumerge en realidad sus raíces en el instinto sexual. Es el más activo y poderoso de todos los resortes, tiene una influencia perturbadora sobre los más importantes negocios, irrumpe a todas horas en las ocupaciones más serias. ¿Por qué tanto ruido? ¿Por qué esos esfuerzos, esos arrebatos, esas ansiedades y esa miseria?

Marqués de Sade - Historietas, cuentos y fábulas


Marqués de Sade - Historietas, cuentos y fábulas

Donatien Alphonse François, mejor conocido como el Marqués de Sade, es un escritor y filósofo francés en cuyas obras nos encontramos ante un tema muy especial: el erotismo, sólo que es un erotismo modificado, llevado a extremos increíbles, en los que se vuelve grotesco o inhumano.

Escribió la mayor parte de sus obras durante los largos periodos en que estuvo internado en el hospital psiquiátrico de Charenton. Entre ellas se encuentran Los 120 Días de Sodoma (1784), Los Crímenes del Amor (1788), Historietas, Cuentos y Fábulas (1788), Justina (1791) y Julieta (1798).

Calificadas de obscenas en su día, la descripción de distintos tipos de perversión sexual constituye su tema principal, aunque no el único: en cierto sentido, Sade puede considerarse un moralista que denuncia en sus trabajos la hipocresía de su época. Su figura fue reivindicada en el siglo XX por los surrealistas.

Mark Twain - Reflexiones contra la religión


Mark Twain - Reflexiones contra la religión

Decimos que nuestro Dios es fuente de toda misericordia, pero sabemos perfectamente que no hay un solo caso auténtico en la historia en que Él haya mostrado esa virtud. Decimos que es fuente de todo moral, pero sabemos por Su historia y por Su conducta diaria que Él no tiene absolutamente nada que se parezca a la moral…

Obra apasionada sobre la naturaleza y el carácter de Dios, y la sinrazón y «pobreza inventiva» de la Biblia, Mark Twain no duda en afirmar que los actos de Dios revelan su naturaleza «injusta, avarienta, despiadada y vengativa».

Estas Reflexiones… de Mark Twain, quien murió en 1910, no fueron publicadas sino hasta 1963 —¡53 años más tarde!— por la fuerte oposición de su hija Clara a unos textos, parte de la autobiografía del autor, que ya entonces no eran políticamente correctos.

Varios autores - Antología del cuento norteamericano


Varios autores - Antología del cuento norteamericano
«Este volumen contiene sesenta y cinco relatos escritos entre los años 1820 y 1999 por escritores nominalmente norteamericanos —es decir, escritores en posesión de la ciudadanía de los Estados Unidos— y pretende mostrar no sólo lo mejor de la cuentística estadounidense, sino también la diversidad y la riqueza continuada de la prosa norteamericana durante los últimos ciento setenta y cinco años… Me satisface que una selección de relatos tan diversamente elegidos defina el carácter norteamericano (además del carácter del relato de este país) tan bien, tan cabal y tan libremente como es debido.»

    Richard Ford

«Para Ford, el cuento nos abre a la vida pero también la protege. Reinventa. Revalora. Admite lo que la convención rechaza. Es un vuelco del corazón. Es una epifanía instantánea. Y le da a la vida de cada lector lo que a cada lector le falta en la vida. Límites de pensamiento. Educación de los sentidos. Tales son las virtudes que la selección de Richard Ford trae a este volumen.»

    Carlos Fuentes

Jules Michelet - Consejos del Diablo a los Jesuitas


Jules Michelet - Consejos del Diablo a los Jesuitas

1838 fue un año muy importante en la vida de Michelet. Estaba en la plenitud de sus poderes, sus estudios habían alimentado su aversión natural por el principio de autoridad y las prácticas eclesiásticas, y en un momento en el que la actividad revivida de los jesuitas es causa de alarma real e imaginada, se le nombra a la cátedra de historia del Colegio de Francia. Auxiliado por su amigo Edgar Quinet, inicia una violenta polémica contra la Orden impopular y los principios que ésta representa, una polémica que situó sus conferencias entre las más celebradas de la época. Los textos de estas conferencias más religiosas que históricas o literarias, aparecieron en tres volúmenes: Des jésuites, en colaboración con Edgar Quinet (1843); Du prêtre, de la femme et de la famille (1845); Le peuple (1846).
    
Estos libros no despliegan el estilo apocalíptico, parcialmente copiado de Lamennais, que caracteriza las últimas obras de Michelet, pero contienen en miniatura casi todas sus ideas sobre la ética, la política y la curiosidad religiosa —una mezcla de sentimentalismo, comunismo, anticlericalismo, apoyado por los argumentos más excéntricos, pero ungidos de una gran dosis de elocuencia.

Oscar Wilde - La importancia de no hacer nada


Oscar Wilde - La importancia de no hacer nada

En 1890, cuando ya goza de una brillante carrera como escritor, Oscar Wilde publica la primera parte de su ensayo El crítico como artista, que titula La importancia de no hacer nada. Con un lenguaje desenfadado y mordaz, propone que la labor del crítico es más meritoria que la del artista y aprovecha para escandalizar a la sociedad de su época con provocaciones y epigramas. Establece que la diferencia entre periodismo y literatura radica en que «el periodismo es ilegible y la literatura no se lee». Afirma que el público inglés «se siente mucho más a gusto cuando le habla un mediocre», y defiende los libros de memorias porque están escritos por personas que «han perdido por completo la memoria o nunca han hecho nada digno de ser recordado».

Mark Twain - Cuentos completos


Mark Twain - Cuentos completos

Mark Twain afiló su narrativa y cimentó su éxito en el género del cuento. Sus relatos se caracterizan por unas tramas ingeniosas, una inventiva inagotable, unos personajes inolvidables, un genial sentido del humor y por su excepcional uso del lenguaje, que traza un vívido retrato de la sociedad de su tiempo. Genio y figura, el propio Twain defendía así sus relatos: «Me gusta una buena historia bien contada. Por esa misma razón, a veces me veo obligado a contarlas yo mismo».

Esta edición es la más completa de la narrativa breve de Twain. La componen todas sus piezas cortas, sesenta textos magníficamente traducidos. Asimismo presenta una excelente introducción de Charles Neider, reconocido como uno de los mejores especialistas en la vida y la obra de este coloso de las letras.

Epicuro - Obras completas


Epicuro - Obras completas

La sociedad helenística estaba, en tiempos de Epicuro, gravemente enferma, aquejada de males orgánicos y psíquicos. Epicuro diagnosticó los males, coyunturales y permanentes, y puso toda su sabiduría y su empeño en encontrar una solución definitiva y eterna. Epicuro fue el primero que osó enfrentarse a los motivos de la postración de los hombres, inquirió sus causas, interpretó los hechos y alcanzó en esta empresa la victoria, convirtiendo con ello a los hombres en dioses.

James Joyce - Sobre la escritura


James Joyce - Sobre la escritura

«Todavía estamos aprendiendo a ser contemporáneos de Joyce», dice Richard Ellman al principio de su monumental biografía sobre el autor. Y así es: las lecciones de Joyce, la revolución que supuso su obra, están hoy plenamente vigentes y su influencia sigue viva en los escritores actuales.

Sobre la escritura ofrece una visión completa y accesible del pensamiento literario y artístico, sus reflexiones sobre el proceso creativo, las técnicas de la narración, el mercado editorial, el papel del escritor y observaciones muy agudas sobre las críticas a su propia obra y la de los escritores que leía. Y lo hace en directo, a través de su propia voz, en una magnífica selección de citas de Federico Sabatini, profesor de la Universidad de Turín, responsable asimismo de la introducción, y con una exquisita traducción de Pablo Sauras.

Un libro lleno de perlas literarias para escritores, para estudiosos y para los apasionados de la literatura y la escritura. Y un buen complemento ensayístico de las obras narrativas de un gran clásico del siglo XIX.

Napoleón Bonaparte - Máximas y pensamientos



«Lo que Napoleón comenzó con la espada, yo lo alcanzaré con la pluma» Honoré de Balzac

La reconocida afinidad de Balzac por el genio de Napoleón hace de él un cualificado intérprete de los abundantes escritos con los que el Emperador acompañó sus decisiones, desvelándonos su vocación de escritor al mismo tiempo que traza el testamento político de uno de los personajes más relevantes del siglo XIX. A lo largo de las páginas de este libro, las reflexiones de Napoleón transitarán, de acuerdo con el plan trazado por Balzac, desde el enérgico desafío de quien aspira a dominar el mundo hasta el orgulloso desengaño de quien asiste desterrado a la catástrofe. Surgirán así ideas sobre las masas, la opresión, la moral, la ley e incluso el rol del azar en nuestras vidas.

Antonin Artaud - Heliogábalo o el anarquista coronado


Antonin Artaud - Heliogábalo o el anarquista coronado

“He aquí el libro más violento de la literatura contemporánea; pero de una violencia hermosa y regeneradora. Quien no haya leído ‘Heliogábalo’, no ha logrado alcanzar el fondo mismo de nuestra literatura salvaje”. (Le Clézio).

Lev Nikoláievich Tolstói - Memorias. Infancia. Adolescencia. Juventud


Lev Nikoláievich Tolstói - Memorias. Infancia. Adolescencia. Juventud

Escritas entre 1851 y 1857, estas memorias quedaron interrumpidas. Sin embargo, gracias a su excepcional capacidad de introspección, Tólstoi trasladó el relato de su vida a la de sus personajes. Su memoria vital permanecerá atrapada para la eternidad en la urdimbre de sus narraciones y nunca más, a pesar de haberlo considerado en su madurez, volverá a retomar el relato de su vida.

Estas memorias nos muestran la ternura del niño que contempla a su hermana menor golpeando con sus diminutas manos el piano, el vértigo adolescente que debe enfrentar su primer baile o el estupor de éste ante la pérdida de su madre.

«Un hombre tan apasionado de la verdad como Tólstoi no puede ser otra cosa que un apasionado autobiógrafo». Stefan Zweig.